Firmar por otra persona: un gesto de confianza en otra persona que te puede llevar a la cárcel

Firmar por otra persona: un gesto de confianza en otra persona que te puede llevar a la cárcel

NUNCA has de firmar por otra persona. Aunque nos dé su consentimiento, aunque nos diga que somos su mujer, marido, hermano... En este artículo te explico al detalle todo lo que puede pasarte si firmas por otra persona.

¿Es realmente peligroso firmar por otra persona?

Una relación de pareja se basa en la confianza mutua entre dos personas.

María era una mujer felizmente casada. Trabajaba y llevaba la casa y las cuentas de su marido, Mario que tenía una empresa de electrodomésticos. Las facturas, a veces llegaban a casa de ambos y María firmaba imitando la firma de su marido por petición expresa de éste, con el fin de agilizar trámites.

Lo que María estaba haciendo, sin saberlo, era un delito castigado penalmente por la Ley, puesto que María no tenía ningún tipo de poder notarial para firmar algo en concreto. María “falsificaba” la firma de Mario y nunca había habido ningún problema hasta que Mario quiso finalizar la relación con María.

Actualmente, María está acusada de falsificar la firma de su ex marido, concretamente los pagarés que recibía de los proveedores y la acusan no sólo de un delito penal de falsificación de la firma sino de haberse quedado con más de 10.000 euros derivados de lo que previamente había firmado.

María entiende ahora, que la confianza ciega no es sinónimo de amor y si se hubiera informado de las repercusiones que tiene firmar por alguien no lo hubiera hecho. Se le acusa de haberse apropiado del dinero de su marido, cosa que nunca hizo y de falsificar su firma, cosa que hacía por petición de él.

Firmar por otra persona es un delito

¿Cómo evitar las consecuencias de cometer un delito a la hora de firmar por otra persona?

 La respuesta a esta pregunta es básica y clara. NUNCA has de firmar por otra persona. Aunque nos dé su consentimiento, aunque nos diga que somos su mujer, marido, hermano… Si firmáis por esa persona estáis cometiendo un delito. Lo único que se puede hacer es que esa persona firme un poder notarial (para firmar algo en concreto) en el que nos autoriza a que actúes en su nombre en determinados actos jurídicos.

Un poder es un documento público autorizado por un notario que permite a una persona, física o jurídica (poderdante), designar a otra como su representante, de modo que pueda actuar en su nombre en determinados actos jurídicos. … El poder notarial tiene un carácter unilateral, es decir, el hecho que una persona te autorice a ti como su representante no quiere decir, que tu tengas que autorizarla a ella.

Existen situaciones en la vida de las personas y en la dinámica de las empresas en las que es necesario o conveniente otorgar facultades de representación para determinados actos jurídicos o materiales. Son los llamados poderes notariales. Los documentos en los que se plasman son redactados y autorizados por los notarios, quienes garantizan tanto la identidad de las personas que los otorgan como que sus voluntades se ajustan a la ley.

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El caso de la infanta Cristina  absuelta de los cargos de fraude fiscal y otros mediáticos sobradamente conocidos como el de Isabel Pantoja parecen muy extraños al público en general y suscitan múltiples dudas de todo tipo, pero tenemos que saber que el mundo de las firmas es muy complejo y muchas personas se enfrentan cada año a problemas legales porque estamparon su firma en un documento que previamente NO habían leído confiados en que firmaban algo distinto a lo que realmente estaban firmando.

La “falsedad ideológica” consiste en la obtención de una rúbrica con engaño en un documento auténtico. Es decir, tu firma es verdadera y la reconoces como tal, pero no reconoces lo que has firmado. Este tipo de falsedad suele darse, cuando firmamos algún documento que no hemos leído previamente como contratos de trabajo, clausulas de los bancos… o cuando por desconocimiento, firmamos al final del papel, dejando un margen amplio entre la escritura y la firma, de tal modo, que se puede añadir escritura después de la firma.

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