COVID 19 y el desconfinamiento: Por qué nos produce estrés y ansiedad y claves para su gestión

El desconfinamiento por COVID 19 produce estrés y ansiedad

COVID 19 y el desconfinamiento: Por qué nos produce estrés y ansiedad y claves para su gestión

La pandemia de COVID 19, el confinamiento y la posterior desescalada para devolver la normalidad a nuestras vidas marcará un antes y un después en la historia de la humanidad.

Las personas de todo el mundo, de diferentes razas, culturas, religiones e ideologías, nos hemos visto igualadas en el trato y la gestión político-sanitaria ante la aparición de un virus con informe de letalidad, que ha sido gestionado por los distintos gobiernos de cada país trasmitiendo a la población la necesidad de protegerse y defenderse ante cualquier otra consideración o derechos, que amparen nuestra libertad o necesidades vitales como el trabajo, la reunión con nuestras familias y amigos, el cuidado y acompañamiento de nuestros familiares en momentos vitales de enfermedad o el paso a la otra vida, etc. y todo ello en virtud del número de personas diagnosticado como contagiados, enfermos o transmisores del COVID 19, con o sin síntomas, como plataforma de una alerta mundial, que marcará un punto de corte entre dos épocas: la de antes y la de después de la pandemia COVID 19 y sus fases de desconfinamiento.

Los psicólogos estamos comprobando cómo el estrés y la ansiedad inicial natural que ha sentido una mayoría de personas ante el COVID 19 y el desconfinamiento, ha pasado de ser un estímulo potencialmente amenazante para nuestra integridad física y la de los nuestros, a convertirse, con el transcurso de semanas y meses en un estrés continuado que amenaza con dejar secuelas y abrir nuevas líneas de ansiedad focalizada que, en algunos casos puede llegar a cronificarse.

Recordemos que el estrés es un mecanismo natural beneficioso de nuestro cuerpo porque nos prepara para enfrentarnos a cualquier situación que suponga un riesgo real para nuestra vida, nuestra integridad física o la de los nuestros.

Se convierte en estrés negativo cuando las presiones externas (hechos objetivos que suponen un reto) interaccionan con tensiones internas de fracaso o catástrofe (pensamientos y creencias limitantes e irracionales de miedo).

Cualquier circunstancia externa que suponga una amenaza real puede vivirse como un reto estimulante o como un drama devastador. Solo depende de nuestro enfoque cognitivo.

En el momento actual existe una presión externa focalizada en la pandemia por COVID 19 y el desconfinamiento, agravada por la sobreinformación a la que estamos expuestos a través de todos los medios de comunicación y que está adquiriendo la categoría de info-toxicación.

Cómo consecuencia de ello, muchas personas están experimentando tensiones internas mediante creencias de preocupación, ansiedad, miedo, incertidumbre y desesperanza ante la percepción de amenaza para su propia salud, la de sus seres queridos y la del resto de la sociedad así como por otros efectos económicos, familiares y sociales derivados de esta situación.

Sin embargo, el paso de un nivel de estrés natural y facilitador a un nivel de estrés agudo y limitante se debe, no tanto a las presiones o amenazas reales externas a nosotros, sino a nuestras tensiones internas, a nuestras creencias irracionales. Muchas de ellas tienen su origen en fuertes creencias limitantes alojadas en nuestro subconsciente -a veces desde muy niños y niñas- respecto a que no somos suficientes, que no podemos hacer nada para protegernos, que somos vulnerables, que dependemos de los demás….

El conocimiento de la existencia de un virus real, la gestión externa político-sanitaria que se está realizando de la pandemia de Coronavirus y el desconfinamiento, junto con la gestión interna de nuestras creencias personales, conforman el conjunto de factores que pueden permitir un cuadro de estrés agudo, provocando que el organismo segregue una serie de hormonas, como el cortisol -supresora de la respuesta inmune-, aumentando la probabilidad de adquirir el virus o de sufrir otros problemas psicológicos o físicos.

Por eso, es importante aprender a diferenciar la ansiedad natural ante esta situación excepcional -que nuestro sistema nervioso resuelve reaccionando de forma natural- de la ansiedad limitante o negativa que puede interferir de manera más o menos grave en nuestra salud emocional y física, limitándonos de forma leve, moderada o grave en nuestra capacidad de acción y reacción ante la crisis socio-sanitaria de COVID 19 y el desconfinsmiento.

Ahora más que nunca, necesitamos mantener nuestro poder a salvo ante el riesgo de la sugestión negativa masiva a la que estamos expuestos, no solo por parte de los medios de comunicación, sino también derivada del miedo subyacente en la población general, cuyas consecuencias son o pueden ser mucho peores que las consecuencias del propio virus COVID 19 y el desconfinamiento para nuestra salud emocional y física.

En el próximo artículo vamos a profundizar en la importancia de nuestras creencias y el efecto de la información sugestiva externa sobre nuestro subconsciente. Conocer este proceso puede ayudarnos a ser conscientes, previniendo o frenando su interferencia negativa en nuestra capacidad para mantener indemne nuestro poder personal interno pase lo que pase en el exterior, y ayudando, de esa forma a que nuestro sistema inmunológico se proteja frente al COVID 19 y el desconfinamiento de uno de sus mayores enemigos: el estrés y el miedo.

Hasta que no te hagas consciente de lo que hay en tu subconsciente, este último dirigirá tu vida y tú le llamarás destino” (Carl Gustav Jung)



Abrir chat
Hola soy Jorge, ¿en qué puedo ayudarte?