Terapia familiar y gestión de la convivencia -y/o confinamiento- por COVID-19

La situación de confinamiento debido a la alerta por Covid-19 nos ha obligado a enfrentarnos en muy pocos días a una situación completamente nueva e inesperada que ha cambiado de forma radical nuestra forma y nuestro estilo de vida diario.

 

Para la mayoría de la humanidad ha cambiado la situación laboral y social de forma que el área familiar ha cobrado un protagonismo casi absoluto con una convivencia obligada, continuada y sin pausas entre los miembros de la familia, alejada en muchos casos de la que hasta ahora disfrutábamos, que se limitaba a compartir casi en exclusiva tiempo de descanso y de ocio con los miembros directos de nuestra familia.

El hogar: multiespacio para todo 

 

La necesidad de compaginar en el mismo tiempo y espacio del hogar la convivencia familiar, el tele trabajo, los contactos sociales y con familiares extensos, la supervisión de las clases on line de los hijos, etc… nos está obligando a implementar y desarrollar distintas estrategias para sobrevivir a este reto.

 

En esta situación, la falta de empatía, de paciencia, de asertividad y la autoexigencia hacia nosotros mismos y los demás son nuestros peores enemigos, mientras que , por el contrario, la empatía, la paciencia, la asertividad y la flexibilidad con nosotros mismos y con los demás configuran la clave de una convivencia positiva que puede reforzar nuestros lazos familiares más aún, convirtiendo esta experiencia en algo llevadero y positivo.

 

El hecho de tener que desarrollar áreas laborales, sociales y familiares con la cercanía física y presencia continua del resto de los miembros de la familia directa puede generar incomodidad tensiones , disputas, discusiones y conflictos.

Calidad de las relaciones familiares antes de la cuarentena

 

Para valorar el riesgo de que una unidad familiar pueda ser afectada negativamente por la convivencia durante la cuarentena es muy importante tener en cuenta la calidad de la convivencia familiar anterior al confinamiento.

 

Si la convivencia era agradable y positiva, los distintos miembros de la familia se verán sometidos a un estrés temporal que podrán sobrellevar con más habilidad y templanza, usando la imaginación y convirtiendo este periodo en fuente de momentos inolvidables.

 

En cambio, si en el seno de la familia existía una situación previa de conflicto, mala comunicación, tensiones, etc… es muy posible que el confinamiento facilite la explosión de tensiones reprimidas y se convierta en una situación incómoda o de difícil manejo por parte de los distintos miembros familiares. 

Factores que repercuten

 

Estos son algunos de los factores, entre otros, que pueden repercutir en problemas de convivencia durante el confinamiento:

  • Una situación anterior de mal ajuste familiar.
  • Irritabilidad debida a la pérdida de libertad personal, que puede afectar el comportamiento hacia los demás miembros provocando conflictos con más facilidad.
  • Problemas de comunicación y falta de asertividad para poner límites -percepcion de invasión y falta de espacio personal-, aceptar críticas, gestionar diferentes opiniones o resolver malentendidos.
  • La edad de los hijos y sus diferentes necesidades personales: así, los niños muy pequeños pueden mostrar más irritabilidad y problemas de conducta, al ver limitadas su necesidad de expansión fuera de casa y convivencia con sus iguales.
  • Igualmente, los adolescentes pueden sumar dosis de irritabilidad a la ya esperable de la crítica fase evolutiva en la que se encuentran, que sitúa el trato con sus iguales en algo más importante que el trato con su familia.

Ejercicio continuado de parentalidad durante el confinamiento y fases posteriores

 

Los padres y madres tienen que sobrellevar las tensiones derivadas de la adaptación y organización diaria, pudiendo estar sometidos además, a otras presiones externas como la incertidumbre o la pérdida de empleo o recursos económicos, la enfermedad de algún familiar o cualquier preocupación adicional debida al confinamiento o a características inherentes a su momento vital.

 

En estrés derivado de este conjunto de factores puede afectar y desbordar a los padres y madres cuidadores provocando pérdidas de control ante las distintas situaciones tensas en que niños y adolescentes puedan estar implicados. Por ello, es absolutamente necesario que presten atención, en primer lugar a su estado de ánimo.

 

Hay que recordar que si los padres están bien, los niños están bien, por lo que es necesario que cada uno encuentre la forma de equilibrar sus emociones buscando espacio para dedicar tiempo a sí mismo y haga algo que le resulte muy gratificante, al margen del ejercicio físico, que en esta situación se convierte en necesario.

 

En caso de tener dificultades par conseguir el equilibrio emocional necesario para convivir con los distintos miembros familiares es muy buena idea buscar apoyo profesional.

 

El formato de terapia online resulta tan efectivo como el presencial. Elegir un buen profesional y recibir apoyo terapéutico puede facilitar los cambios internos necesarios para vivir esta experiencia con más tranquilidad proporcionando al resto de la familia la seguridad y estabilidad tan necesarias para todos en estos momentos.

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