Efectos sobre nuestro subconsciente de la información recibida durante la pandemia del COVID 19 y el desconfinamiento

Efectos sobre nuestro subconsciente de la información recibida durante la pandemia del COVID 19 y el desconfinamiento

Los humanos no nacemos pensando cómo pensamos, sintiendo cómo sentimos, ni sabiendo actuar como actuamos: nuestros pensamientos, sentimientos y acciones son aprendidos.

El poder de sugestión de nuestros padres como figuras de autoridad es enorme porque en los primeros años de vida creemos que papá, mamá -y secundariamente figuras de autoridad cómo maestros, abuelos…- tienen la razón absoluta y aún no tenemos capacidad de crítica razonable.

Cuándo empezamos a no estar de acuerdo con algunas normas o límites impuestos por ellos -generalmente a partir de la segunda franja de infancia y adolescencia- entramos en disonancias cognitivas que solemos resolver acatando lo que no entendemos (por miedo a enfrentarnos generalmente) o revelándonos de forma más o menos dramática.

Respecto a nuestro sistema de creencias personal hay algo en lo que todos los psicólogos y estudiosos de la conducta humana y de la epigenética estamos de acuerdo: las creencias que hemos integrado durante los primeros 6 años de vida quedan fuertemente integradas en nuestro subconsciente, porque en esos primeros años no tenemos capacidad de crítica y las normas y valores morales que nuestros padres nos han transmitido tienen orden de sugestión: los creemos y los hacemos nuestros en virtud del poder de sugestión que tienen. Pues bien, la humanidad se encuentra viviendo un momento sin precedentes en el que todos los gobernantes de todos los países del mundo han trasmitido durante semanas la misma alerta, estableciendo, casi todos, las mismas normas rigurosas para detener la pandemia. Un gran sector de la población ha vivido y vive aún sumida en el miedo -algunos en el pánico- bajo la presión de la convicción de que existe un grave riesgo continuado para su salud o la de los suyos y teniendo rebrotes. Muchas personas han visto paralizada su vida, cerrado su negocio, interrumpidos o rotos sus planes vitales… bajo la bandera del peligro inminente para nuestra salud y nuestra vida o seres queridos.

Si hubiera sido solo un país -el nuestro- el grado de alerta hubiera sido alto, pero excepcional, y por ello hubiera supuesto un estrés grave pero transitorio. Sin embargo han sido todos los países, todos los presidentes del mundo mandando el mismo mensaje a la población sobre el COVID 19 y tomando fuertes medidas restrictivas análogas, en una operación sin precedentes a nivel mundial.

Todas las televisiones de todo el planeta tierra mandando continuamente la misma información, durante semanas, apuntando a la dirección de la gravísima pandemia que asola el mundo. Todos los países. Todo el mundo.

SUGESTIÓN

Y aquí es donde me atrevo a equiparar -a falta de estudios concluyentes- el poder de sugestión que puede tener esta situación para muchas personas adultas, con el poder de sugestión que tienen los padres sobre el subconsciente de sus hijos en sus primeros años de vida.

Es decir, el impacto de la autoridad maxima de nuestro gobierno y de todos los gobiernos del mundo transmitiendo la misma información a la población, es de tal magnitud, que su influencia y poder de sugestión en nuestro subconsciente puede muy bien equipararse a la autoridad y al poder que tienen los mensajes de nuestros padres en nuestro subconsciente durante los años de nuestra primera infancia.

Los mensajes reiterados de peligro, la creación de un estado de alarma y los decretos ley conteniendo castigos consecuentes al incumplimiento de las normas para la prevención y protección del virus, tienen un poder de sugestión enorme para todas las personas, de modo que la sensación de miedo y pánico puede colarse en nuestro subconsciente aún mucho tiempo después de pasada la pandemia, interfiriendo de forma moderada, grave o severa en nuestras metas personales y en nuestro derecho de nacimiento a vivir una vida plena en paz y libertad emocional (Algunas investigaciones apuntan a un incremento en trastornos psicológicos entre un 20% y un 40%).

Lo cierto es que debido al poder sugestivo de los mensajes recibidos durante la pandemia y el desconfinamiento sobre el COVID 19, estos efectos pueden permanecer incluso aunque los gobiernos y la OMS, a la luz de nuevos datos derivados de investigación distinta rectifiquen y reconozcan algún margen de error, como hacen todos los buenos padres y madres.

De ahí la importancia de ser conscientes de los mensajes que dejamos entrar en nuestro subconsciente, neutralizando los de signo negativo o catastrófico y permitiendo los racionales-facilitadores.

De igual modo que ponemos filtros en nuestros grifos para no ingerir componentes o sustancias nocivas contenidas en el agua, podemos ponerlos en nuestra mente reduciendo la exposición a la sobreinformación negativa y seleccionando datos que nos permitan estar al corriente de la actualidad sin permitir que la desazón y el fatalismo se impongan a los datos sobre esperanza, recuperación completa y el resultado final de un mundo mucho mejor que el anterior a la pandemia. No olvidemos que nadie puede hacernos sentir mal sin nuestro consentimiento (Eleanor Roosevelt).

Hasta que no te hagas consciente de lo que hay en tu subconsciente, este último dirigirá tu vida y tú le llamarás destino” (Carl Gustav Jung)



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