Transtornos de aprendizaje

Lo que en algunos casos se entiende como torpeza, holgazanería o desgana, realmente encierra problemas de aprendizaje que poco o nada tienen que ver con la inteligencia.

Cuando nuestra autoestima está alta nos sentimos satisfechos y en paz con nosotros mismos, generando una reserva continua de energía que nos permite gestionar los asuntos de nuestra vida de una forma tranquila y segura aumentando la probabilidad de conseguir nuestros objetivos.

 

El problema estriba en la manera en la que el cerebro asimila y procesa la información que, dependiendo de la estructura cerebral, afectará a una capacidad u otra.

 

También pueden influir otros factores tales como el estilo educativo de los padres, autoestima, planificación y gestión del tiempo de estudio, características de personalidad, características del centro educativo,…

 

Lo primero es realizar una exhaustiva evaluación diferencial y poner remedio al tipo de problema que presenta.

Los más frecuentes son:

  • Se caracteriza por una dificultad para reconocer las palabras con escasa compresión y una lectura lenta e insegura. Es frecuentes que confundan determinadas letras (p y b, por ejemplo) o que escriban “en espejo”, aunque estos síntomas no aseguran que realmente su diagnóstico sea este.
  • Dificultad en el cálculo. Desde contar a realizar operaciones aritméticas.
  • Disgrafía. Dificultad a la hora de escribir.
  • Síndrome de Asperger. Trastorno que afecta la relación con los demás, sobre todo, por la inflexibilidad del pensamiento. Con frecuencia tienen una idea o afición que les ocupa la mayor parte del tiempo llegando a ser obsesiva, pero también cambiante a lo largo del tiempo.
  • Altas capacidades. Ejemplo de que la inteligencia y los trastornos del aprendizaje no están relacionados en forma de causa-efecto. Por diversos motivos, hay veces que niños y jóvenes con alto cociente intelectual, presentan bajos rendimientos académicos.
  • Trastorno de déficit de atención que cursa con o sin hiperactividad. La dificultad a la hora de mantener la atención hace muy difícil la adquisición de las materias y su posterior evocación.
  • Dificultades viso-motrices. Dificultad para relacionar correctamente la vista con el resto de movimientos corporales. Esto afecta a la actividad física general pero especialmente a la presión fina: desde la forma de coger el lápiz a realizar un dictado.
  • Dificultades de memoria y proceso auditivo. En este caso las dificultades aparecen en la evocación de la información (total o parcial) y/o en el sentido del oído siendo especialmente a algunos sonidos o no oyendo lo suficientemente bien, lo que impide la buena adquisición del aprendizaje.
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