Transtornos de la ansiedad

Los niños y los adolescentes son muy sensibles ante las experiencias traumáticas y pueden reaccionar con los mismos síntomas fisiológicos y cognitivos que los adultos, pero es posible que manifiesten su estrés de forma diferente.

Por ejemplo, los niños muy pequeños (menores de 6 años) pueden orinarse en la cama después de haber aprendido a ir al baño, olvidarse de cómo hablar o no poder hacerlo (mutismo selectivo), representar la experiencia traumática en sus juegos, aferrarse de forma inusual o exagerada a sus padres o a un adulto con él que se sientan seguros, tartamudear, tener tics, …

Los niños más mayores y los adolescentes, por su parte suelen mostrar síntomas más parecidos a los que presentan los adultos, además de conductas disruptivas, irrespetuosas o destructivas.

 

Son frecuentes la dificultad para respirar, pensamientos circulares, quejas somáticas (dolores de cabeza, de estómago, en las articulaciones,), visión catastrofista, temblores, hormigueos, problemas de sueño, pérdida de apetito…También pueden sentirse culpables por no haber evitado lesiones o muertes y tener pensamientos de venganza.

 

Especialmente reseñable en los más pequeños es la ansiedad por separación.

 

Se da en niños a partir de un año cuando sienten un intenso temor a separarse de sus padres o principales cuidadores.

 

El niño reacciona ante las despedidas con intensos y prolongados llantos y rabietas negándose a quedarse con otras personas que no sean sus padres o cuidadores.

 

La ansiedad de separación es perfectamente normal en el desarrollo de un niño, pero puede ser muy incómoda y preocupante para los padres que a menudo no entienden lo que le pasa a su hijo ni saben cómo manejar esta conducta.

Buscar asesoramiento profesional para entender lo que está viviendo el niño o la niña y aprender las estrategias adecuadas para ayudarle puede ser muy eficaz para resolver la situación rápidamente evitando más sufrimiento en la familia.

 

Cuando la ansiedad de separación interfiere en las actividades normales del niño y es especialmente intensa puede ser un indicador de que el niño padece un trastorno de ansiedad más profundo.

 

Si la ansiedad de separación aparece de repente en un niño mayor, hay que investigar el origen de la misma porque podría ser el síntoma visible de la existencia de otro problema más oculto como el acoso escolar (o bullying), malos tratos o abuso sexual.

 

Por eso si su hijo o hija se niega a estar con un cuidador o familiar en concreto o a ir a determinada guardería y además de la resistencia a separarse de en progenitor o cuidador en concreto, muestra otros síntomas como dificultades para conciliar el sueño o pérdida del apetito, podría haber algo que conviene investigar cuanto antes.

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