Transtornos de la conducta alimentaria niños

Uno de los aspectos que más preocupan a los padres y madres es la conducta alimentaria de sus hijos.

Es normal encontrar a progenitores alarmados por el poco apetito de sus pequeños, por su alimentación caprichosa o por su hambre voraz.

Y es que comer es, aparte de una necesidad básica, un acontecimiento social.

Suele ser momento de reunión con el resto de miembros de la familia, con amigos o con compañeros de trabajo.

Es por ello que le otorgamos un añadido de importancia y queremos que nuestro hijo esté correctamente adaptado socialmente amén de nutrido.

En los más pequeños, el principal problema suele ser la disminución de ingesta.

Se niegan a comer o lo hacen con mucho esfuerzo y dedicación por parte de sus padres o tutores.

El momento de la comida o la cena puede convertirse en una batalla campal por conseguir que se lleve una cucharada más a la boca.

En ocasiones, puede llegar a desembocar en crisis de llanto o vómitos dejando a los mayores totalmente desarmados.

Puede suceder también que el niño o niña coma de manera caprichosa: centre su dieta en un único alimento (o pocos) o que se niegue a comer gran cantidad de alimentos (generalmente, pescados, frutas y verduras).

En el lado opuesto nos encontramos con la hiperfagia: apetito voraz en el que el niño (más frecuente) o niña come con ansia y en grandes cantidades.

En los adolescentes, dada la importancia que adquiere la imagen corporal y las figuras de referencia social, son frecuentes trastornos como la anorexia o la bulimia.

En ambos casos nos encontramos con una desvirtuación de la imagen corporal y una necesidad urgente y obsesiva de perder peso.

Muchas veces los padres son conscientes del problema cuando ya está muy avanzado dado que los chicos y, sobre todo las chicas, se vuelven auténticos expertos en ocultar alimentos, simular que comen, hacer excesivo ejercicio físico o mentir.

 

 

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